Nordeste de Argentina

Emprendo mi viaje rumbo al nordeste de Argentina. La idea es visitar las provincias de Corrientes, Chaco y Misiones, y entrevistar a profesionales de la cultura, antropólogos, profesionales que trabajan con comunidades guaraníes y personas que integran la propia comunidad.

Cualquier conversación es válida, activo una suerte de radar que envuelve todos mis sentidos. Palabras y miradas que intento absorver con la finalidad de ser lo más objetiva posible (tarea complicada).

Avanzo lentamente entre tierras y campos verdes, abastecidos por la humedad y el calor que se aposenta en mi piel. Estoy frente a las puertas del invierno. Cuanto más al nordeste, más húmedo.

Las personas que conozco a lo largo de estas semanas acrecientan mi adoración por Argentina y ahora en concreto, por estas tierras chaqueñas, correntinas y misioneras, que estoy conociendo con más profundidad.


En busca de la tierra sin mal (indígenas "guaraníes")

Los guaraníes son descendientes de los indígenas que vivían en el norte de la América del Sur, originarios de la zona amazónica, fueron invadiendo el territorio y se extendieron desde el río de la Plata hasta el Amazonas, ocupando todo el litoral Atlántico.

Los guaraníes son conocedores natos de los misterios de la selva, de las plantas y animales. Eran semi-nómades (o itinerantes), cuando terminaban sus cultivos en las tierras selváticas se trasladaban a otro lugar. Por lo tanto no se conservan vestigios materiales, la cultura guaraní es básicamente intangible. Su nomadismo se regía por su ferviente creencia en la "tierra sin mal", una suerte de paraíso terrenal donde se podía acceder en vida.

Cuando llegaron los jesuitas a fines del siglo XVI fueron evangelizados en reducciones. Se conservan misiones jesuíticas donde los guaraníes trabajaban junto con los misioneros, estudiaban artes y música, de hecho no tuvieron otra opción: la evangelización (protegidos por "Dios") o la muerte o, en el mejor de los casos, la esclavitud. Y es acá donde se encontraron dos culturas opuestas, la cristiana y humanista, y la cultura guaraní, semi-nòmade y con una cosmovisión repleta de riqueza espiritual.



El idioma goza de una gran riqueza y giros armoniosos, la lengua guaraní es el alma y su vínculo el Creador y con la tierra. La gran fuerza de este idioma ha provocado su permanencia hasta la actualidad, es lengua co-oficial en Paraguay, y ha sido postulado para que sea declarado patrimonio cultural intagible por la UNESCO.

Actualmente los guaraníes viven o sobreviven en Paraguay, en el sur de Brasil, en el oriente boliviano, la provincia de Misiones y Salta y Jujuy (zona de las yungas) en Argentina.

Los guaraníes en Misiones (provincia argentina, fronteriza con Paraguay y Brasil)

Actualmente, según fuentes de Salud Pública, hay 84 comunidades guaraníes en la provincia de Misiones, unos 5.000 guaraníes (hay muchos sin "documentos"). Algunos aborígenes habitan al costado de la ruta, en condiciones infrahumanas. Hay muchos niños, hay un alto índice de mortalidad infantil. Las condiciones son insalubres, hay hambre. Los más afortunados y menos contaminados por las prácticas y vicios del hombre blanco habitan en el interior de estas tierras pre-selváticas.

Hay recursos, sí, hay recursos gubernamentales, también hay amiguismo y caciques vendidos al hombre blanco por riquezas materiales. Hay personas que luchan por los derechos de los guaraníes, hay jóvenes guaraníes que luchan por seguir en la universidad (0,1%) para lograr ser profesionales en antropología, educación, etc...
Existen prejuicios y profesores blancos de las escuelas de las aldeas aborígenes que son discriminados por sus propios colegas.

Los guaraníes viven de la naturaleza. Viven, se alimentan y creen religiosamente en ella. El Estado les roba las tierras que durante siglos fueron productivas. El Estado vende las tierras con los aborígenes dentro, a empresas multinacionales y las tierras fallecen lentamente. Una muerte golpeada cruelmente por la plantación artificial de pinos que absorve todos los nutrientes de la tierra. Talan los árboles, venden la madera y los vuelven a plantar, de mientras, los aborígenes se mueren de hambre, se quedan sin nada, sin su gran tesoro: la madre tierra.

Una vez al mes pasa un camión por las comunidades y las abastece con alimentos, los más afortunados tienen un médico que los visita una vez a la semana? al mes? la medicina ya no es la misma....y una escuela que cuenta con materiales, a veces comprados por los mismos maestros. ¿No hay recursos para las poblaciones indígenas? ¿Hay recursos y van a parar a bolsillos ajenos? No hay política de Estado para la población aborígen, organizaciones no gubernamentales y eclesiásticas están implicadas, pero los proyectos terminan y los recursos desaparecen como por arte de magia, a todo esto se suman los intereses de algunas de estas organizaciones. Las políticas y proyectos asistencialistas prevalecen.

Hay tantas cosas, experiencias, diversas visiones de una misma realidad, contradicciones....que me gustaría contar! pero esta bitácora correría el riesgo de convertirse en un escrito mucho más denso, así que lo guardo acá dentro para seguir trabajando y aprendiendo de ello....

Links sobre la problemática de las tierras aborígenes en Misiones:

http://argentina.indymedia.org/news/2007/06/525399.php

http://argentina.indymedia.org/news/2006/10/454675.php

http://www.radiomundoreal.fm/rmr/?q=node/5693

foto 1: tierra misionera, la tierra colorada; foto 2: ruina misiones jesuiticas San Ignacio; foto 3: entrada a San Ignacio


Visita efímera a Paraguay

Viajo a Asunción para asistir a las III Jornadas del MERCOSUR sobre Patrimonio Intangible // II Encuentro del MERCOSUR con los Depositarios Fundamentales de la Cultura Guaraní y finalmente al Encuentro Fundacional de la Región Compartida AR-PA.

Frontera Posadas (Argentina)-Encarnación (Paraguay).
El colectivo se detiene y mientras los pasajeros atendemos los trámites fronterizos correspondientes, desde la ventana observo una gran cantidad de personas acumuladas en la puerta del colectivo. Venden relojes, perfumes, cámaras de fotos. Todo es contrabando. Ya estamos en Paraguay, un diminuto país del que nadie se acuerda, ubicado entre dos grandes monstruos: Brasil y Argentina, y fronterizo al norte con Bolivia.

La situación es realmente cómica, decido bajar y mientras fumo un cigarillo, me siento presionada por los vendedores que muestran una excesiva insistencia por vender sus artículos, al final termino riendo y haciendo amigos.

Llego a Asunción un feriado (por el chaco paraguayo). Jamás había visto un feriado con tan poca vida, por no decir nula. Las almas se esconden, los comercios cierran, las calles están desiertas y silenciosas. Una decadencia reina en la ciudad, esta vez no desprende aires de romanticismo, es una decadencia deprimente. Me dan ganas de salir corriendo. Decido parar y escribir en una cafetería que, por suerte, está abierta. Y es así como mis ojos observan la nada y entre la nada, unas chiquitas de apenas 15 años que suben a un auto mercedes benz, acompañadas de dos hombretones gordos, mirada pervertida, camisa abierta y pecho baboso. Ellas se ríen, ellos babean y mis vómitos se reproducen.

Sé, sabemos que existe en todos los lugares del mundo (ídem en barcelona) y se incrementa en sociedades y/o barrios más empobrecidos, pero no deja de removerme las vísceras...

Paraguay, un país destruido, golpeado por grandes lanzas punzantes. Un país que en un pasado remoto gozó de una riqueza, fue la guerra de la Triple Alianza (1865-70), una coalición conformada por Brasil, Argentina, Uruguay, y promovida por Inglaterra, la que aniquiló a Paraguay, jamás volvió a levantar cabeza...

No tengo mucho tiempo para conocer Asunción ya que estoy encerrada todos los días en los encuentros que nutrieron mis conocimientos sobre cultura guaraní. Sin embargo, me voy con una sensación triste y decepcionante, ya que tuve la suerte, y al mismo tiempo, la desgracia de ser testimonio de diversos actos de discriminación hacia los guaraníes, precisamente en un encuentro destinado a los Depositarios Fundamentales de Cultura Guaraní, pero no organizado por ellos, obvio.
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III Jornadas del MERCOSUR sobre Patrimonio Intangible
II Encuentro del MERCOSUR con los Depositarios Fundamentales de la Cultura Guaraní.

13, 14 y 15 de Junio de 2007
Asunción – Paraguay
La otra cara de la moneda

Bajo el lema “Nuevas miradas descolonizadoras desde las sabidurías insurgentes” da inicio el II Encuentro del MERCOSUR con los Depositarios Fundamentales de la Cultura Guaraní.

El auditorio del centro PRODEPA Ko´e Pyahu está plagado de gente. Una tarima está dispuesta al frente de los asistentes, lugar donde los disertantes realizarán sus ponencias. Al costado de ésta están ubicados todos los guaraníes y el resto de público se encuentra distribuido por todo el auditorio.

1ª Observación: Separación drástica entre los guaraníes y el resto de público.

De acuerdo que el encuentro está destinado a los Depositarios Fundamentales de la Cultura Guaraní. Sin embargo, creo que se podría haber hecho una distribución más equitativa. Primer indicio de exacerbación de la diferencia. Los indígenas y los blancos. Ellos y nosotros. Nosotros y ellos.
La apertura del encuentro se caracteriza por ser extremadamente protocolar hasta el punto que sólo se escuchan nombres, frases cortas de agradecimiento y aplausos durante toda la mañana, para finalizar en actos musicales.

2ª Observación: No hay traducción de castellano a guaraní.
Sí hay traducción de guaraní a castellano, realizada por una única persona que termina de traducir de manera fragmentada todos los comentarios de los guaraníes.

A lo largo de todo el encuentro la problemática de la traducción seguirá aconteciendo. Todas las ponencias son en castellano.

Asimismo, continuará la división entre guaraníes y blancos. La distribución diferencial de las mesas de debate es de la siguiente manera: por las mañanas, intelectuales y profesionales blancos que desarrollan su labor con los guaraníes discurren acerca de la identidad, el patrimonio intangible, las políticas culturales, nuevas miradas antropológicas, etc. Únicamente Ángel Yandura, sociólogo guaraní de Bolivia, Presidente de la Academia de Historia y Cultura Guaraní, tiene el “honor” de participar en una de estas mesas de debate matinales.

Por las tardes, asistimos al Diálogo Intercultural entre los Padres y las Madres Guaraníes.

3ª Observación: Por las mañanas: ponencias de intelectuales sin traducción al guaraní.
Por las tardes: diálogo entre los guaraníes sin traducción al castellano.

¿Cómo se entiende que en el transcurso de un encuentro destinado a guaraníes, a su lengua y cultura, se distribuyan de manera tan discriminatoria las mesas de debate? ¿Cómo se entiende el diálogo intercultural sólo entre guaraníes, cuando la interculturalidad acontece entre varias culturas que se encuentran? Para lograr el entendimiento entre culturas, el diálogo y la discusión, es fundamental el idioma, ¿Cómo lograr un diálogo sin traducción idiomática?


El segundo día del encuentro ocurre un percance bastante desagradable, los guaraníes que han venido de sus comunidades pernoctan en unas dependencias de la ciudad universitaria, a escasos metros del Centro Prodepa. La noticia de que tienen que desalojar el lugar es recibida con asombro e indignación.

4ª Observación: Ausencia de información clara y transparente. No hay explicaciones hasta que un grupo de personas asistentes al encuentro nos solidarizamos con los guaraníes y pedimos explicaciones del porqué del desalojo.

La razón del desalojo es la llegada de un grupo de canadienses (no se sabe de donde, ni como, ni porqué). Simplemente los guaraníes se tienen que ir.

La protesta se inicia interrumpiendo el encuentro, llamadas a los medios de comunicación y explicaciones triviales del Ministro de la Secretaria Nacional de Cultura.

La exaltación de la diferencia aumenta la brecha entre el indígena y el blanco, causando enormes estragos, y las cosas no cambiaran si se siguen realizando encuentros de este tipo “para los indígenas” pero “sin los indígenas” aunque estén presentes en el encuentro.

Los guaraníes están expuestos como un circo. Una presencia exótica.

Paralelamente a la celebración del encuentro, una gran cantidad de guaraníes acampan en la Plaza Italia del centro de Asunción, reclamando el derecho a la tierra.

http://argentina.indymedia.org/news/2007/07/532224.php

***Una crónica que, como muchas otras, refleja una realidad. Después de estas líneas, el lector es libre de emitir sus comentarios. Simplemente es un testimonio.


La vuelta a Misiones

Mi vuelta a Misiones se nutre de encuentros con algunas comunidades Mbyá Guaraní. Gracias a Hugo, antropólogo social que me acompaña a las comunidades, me adentro con cautela y atisbo rozar levemente ápices de su realidad. Emprendemos divinos viajes por la tierra colorada, envueltos de un silencio misterioso. Misiones aparece bañada por vientos brasileños y paraguayos, pareciera un apéndice en el mapa de Argentina.


Carreteras abrigadas por una exuberante naturaleza y enormes camiones cargados de madera nativa. Hermosos árboles, arrancados del monte, vidas truncadas en seco, son las víctimas de semejante atrocidad. Corazón convulsionado y piel erizada.
El patrimonio cultural de las comunidades Mbyá Guaraní se está perdiendo a pasos agigantados, porque viven/vivían en un medio de exuberante naturaleza, por lo tanto la deforestación acelera la pérdida de la prácticas que se realizaban mediante la disponibilidad de los recursos naturales.

Actualmente la población Mbyá Guaraní tiene tremendas dificultades para desarrollarse en un medio que la empuja de manera visceral hacia la marginalidad.

Habiendo visto las injusticias a la cuales está sometida la etnia Mbyá Guaraní y la transparencia de una compleja realidad en la cuál está sumergida, removida desde antaño por intereses ajenos, nutrida por un sinfín de contradicciones que no permiten avanzar el desarrollo de las comunidades en la sociedad actual, queda lejos de mi pretensión hacer un análisis en esta bitácora, la complejidad del mismo convertiría a la bitácora en interminable, simplemente destilo ínfimas pinceladas de una realidad que caminan hacia reflexiones, y es así como empezaran a adquirir cuerpo…


En esta bitácora me permito la licencia de no describir mis vivencias, y quizá diste de ser una bitácora. Me gustaría agradecer a todas las personas que contribuyeron a que mi estadía fuera placentera, aunque sea con simples palabras, aunque jamás las lean, espero que el viento las haga viajar y que arriben en forma de suaves brisas.

Gracias a todos las personas que conocí durante estos días a todos los humanos que me regalaron un poquito de su tiempo y me saludaron con una sonrisa, y me abrigaron con su mirada.



(a las comunidades de Kuña Pirú, Fracanc, Tekoa Arandú, Fortín Mbororé, Yriapú, Marangatú; a los docentes de las escuelas de las comunidades (Rodolfo, Deisy, Mónica, Héctor, Angelica, Gloria, Valeria, Silvia; a la productora de Oberá (Axel, Lorena, Germán…; a Café, Ana, Katy, Hugo... gracias a los antropólogos y profesionales que trabajan con las comunidades mbyá guaraní y a tod@s los que no nombro pero sé que están aquí)

Junio 2007

(foto 2: hugo arce)






Los rostros de Buenos Aires. (Miradas fragmentadas de una extranjera)

Quien desee visitar Buenos Aires y tenga la suerte de poder elegir su medio transporte en la ciudad, me permito hacer una sugerencia: “¡no tomar el subte (metro) en la hora punta!”, ya que en dos ocasiones me siento sumergida en un asfixiante hormiguero donde el aire que respiro es sudor humano y mi cuerpo se siente apabullado por el resto de cuerpos.

Mi próximo movimiento: un súbito salto al aire. Me alejo. Huyo de ese viaje que nos conduce a la deriva.

Limpio de mi cuerpo los rastros de esa sensación claustrofóbica, entre sudor y monotonía, ¡qué angustiosa mezcla!. Me convierto en una adicta al colectivo (bus), la clave para todos los desplazamientos en Buenos Aires.
Existe una gran red de transporte “colectivera”, manejada por conductores que no tienen ningún reparo en cerrar la puerta en las narices de una servidora o que hacen caso omiso a mi pregunta por una calle determinada (también encontré a muchos colectiveros amables, ¡no me maten los porteños!). ¡Es el estrés de la urbe!. Así que mis idas y vueltas se ven acompañadas por una suerte de intuición por adivinar cuál será mi parada. Perdida, perdida intentando no caer, agarrada a todo lo que puedo, pareciera estar en un “rally”.


Los colectivos te llevan a cualquier rincón de la ciudad y funcionan toda la noche, aunque reconozco que más de una vez terminé caminando innumerables cuadras por pereza a buscar el colectivo en mi guía T (guía callejera) y preguntar y liarme aún más o por no sentir otra vez que estoy en el maldito hormiguero. En Buenos Aires se camina y mucho, aunque tenga que esquivar esos cuerpos que se dirigen a lugares comunes, que no respiran, simplemente se desenvuelven de manera automática en la calle Florida, en la Avenida Corrientes, Avenida Córdoba etc… Por momentos mi cuerpo termina convirtiéndose en uno de ellos y no puedo controlar sus movimientos que desprenden pinceladas agresivas.


Prefiero cambiar de barrio. Me encanta caminar por las calles del barrio de Palermo, calles anchas y tranquilas, salvo los fines de semana que está la feria en los bares de la plaza Serrano, y salvo las noches que se plaga de multitudes, se asemeja a El Raval o el Borne (en Barcelona), cantidad de restaurantes, movida nocturna. Pas mal.
Me quedo definitivamente con el barrio de San Telmo, donde se respira el espíritu tanguero y sus calles ansían ser catapultadas en la memoria de cualquier persona que desee deleitarse en ellas. La nostalgia por aquello que ya fue impregna la atmósfera y con un poco de esfuerzo, logro ser impregnada yo también, sin que sea aturdida por la gran multitud turística que aparece los domingos entre anticuarios y cantores, bailarines de tango, teatreros de cualquier índole… Descubro el Trío Gótico y permanezco hipnotizada ante su música, a ratos tanguera, a ratos española. Absolutamente hipnotizada.


No terminaré esta bitácora sin aludir a un lugar que atrapó definitivamente mis sentidos, un lugar alejado de la urbe, donde no existe el tiempo: las islas del Delta, en el Tigre (zona norte de la provinica de BsAs). Pareciera mentira que tan sólo a una hora de la capital, pueda existir este lugar, a unos veinte minutos del turismo “dominguero” de la ciudad del Tigre.

Nico y su pasión por las islas del Delta me conducena impregnarme de esa tranquilidad, mezcladas con dosis de salvajismo. Silencio, paseos entre naturaleza y palabras lanzadas al viento en guaraní (idioma de los indígenas guaraníes)que prolongan los susurros de los árboles. Nico me presenta a su tío que regenta una hostería, a Inés y Julián, los padres adoptivos de cualquier persona que pase por allá, divinos, la pasión desenfrenada de ella y la calma misteriosa de él.






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Anochece en Buenos Aires, las calles están plagadas de varios escombros entre los cuáles hurgan familias enteras. De vez en cuando, veo camionetas estacionadas en las esquinas esperando ser repletas de cartones y de cualquier cosa susceptible a ser reciclada y/o ingerida por bocas hambrientas. Los cartoneros ya están naturalizados en la postal de Buenos Aires.

Volvemos a nuestras casas por la noche, huyendo del frío, mientras una familia se construye una casa de cartón en la entrada a un comercio.

Como gran capital latinoamericana, la pobreza persiste y la exclusión social aumenta, interactúa con los divinos barrios como Palermo, con las galerías y negocios intocables de Recoleta en cuyas calles atisbo como unos diez perros conducidos por el paseador de perros (un trabajo como cualquier otro).



Buenos Aires. Ciudad de contrastes. Estética y culto por el cuerpo. Buscando la perfección, la belleza de las musas. Población infantil hambrienta con cartones como lecho. Aún así, hay una consciencia y me sorprende cuando en el subte o en el colectivo entra alguien a vender pegatinas, cintas para el cabello, cuadernos, etc… o alguien actúa o canta. Y la gran mayoría busca en sus bolsillos con la intención de regalar una moneda. Remarqué este hecho en mi primera estadía y ahora lo corroboro. En Europa, o al menos, en España, en Barcelona no es así. Un mínimo porcentaje de gente hurga en sus bolsillos. Y me pregunto ¿será consciencia?

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Buenos Aires alardea de infinitos rostros, miradas complejas, es un monstruo contradictorio e inabarcable. Necesitaría años para poder degustarlos y viajar a través de sus arterias, y es fácil imaginar que de ganas tengo… pero de momento vivo el presente y curioseo lo que puedo.

Me preparo para viajar al noreste de Argentina y luego a Paraguay, con el objetivo de seguir la investigación sobre el itinerario cultural de los guaraníes. ¡Nos vemos en la ruta!
"Nada ansío de nada mientras dura el instante de eternidad que es todo cuando no quiero nada".

Palabras encontradas en el baño de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires
En busca de su autor/a...

Lost in Buenos Aires... reencontrada en Córdoba

Primeros días en Buenos Aires, primeras sensaciones

Amanece pesada, húmeda y gris. La capital de la República Argentina me abre sus brazos con un cierto aire familiar pero observa detenidamente mis pasos, sin atreverse a preguntarme hacia donde voy. Está esperando un saludo de mi parte, unas palabras que no llegan y yo atiendo su mirada, anhelando vientos cómplices.

Intensa y enigmática. Decadente. Europea. Revolucionaria y piquetera. Desesperada y valiente. Bella, bellísima. Laberíntica. Te odio y te deseo Buenos Aires.

Me siento perdida entre sus calles, dispuestas a engullir a cualquier alma despistada. Las inmensas avenidas que evocan a la monumental y romántica capital francesa se visten de innumerables personas que caminan apresuradamente. No intenten preguntar algún destino concreto, alguna calle cercana, porque tod@s andamos perdid@s. Simplemente deambulo. Admirando el caos. Aferrándome a él. Huyendo de la locura. De la desesperante sensación que Buenos Aires me puede atrapar entre sus garras con un simple parpadeo.

Esta vez no estoy de visita, esta vez permaneceré un tiempo. ¡Trátame bien querida!

Del 10 al 14 de mayo. Recuerdos del ayer. Un presente con preguntas.

Del caos urbano paso a la tranquilidad humana, en Córdoba. Cierto es que las miradas son relativas que todo, absolutamente todo, depende de nuestra procedencia y vivencias. Córdoba pareciera una aldea. Una aldea muy familiar. Una de mis casas, mi segunda casa. Jamás me gustó la ciudad de Córdoba y sostengo esta opinión. Sin embargo, el calor humano, que envuelve mi presencia, es realmente confortable. Como si el tiempo se hubiese detenido. Sólo pasaron ocho meses. Como si jamás me hubiese ido.
A veces la mente pareciera un hervidero de imágenes, recuerdos, personas… la memoria me traiciona de manera insistente en los últimos tiempos, pero no es obstáculo para que se reproduzcan vivencias, como si de secuencias se tratara, a cámara lenta. Contemplo la ciudad, y cuando me reflejo en ella, observo que se empieza a dibujar una sonrisa simultánea, no logro ver quién sonríe primero. Ella o yo.

Reconozco en ella a una Mireia, o Mire como me llaman acá la gran mayoría. Su cotidiano en Córdoba, sus escapadas por el continente nutrieron durante dos años una realidad, y múltiples también, alejada de la suya… hasta el punto que se siente de varios lugares al mismo tiempo. Peligrosa sensación que se ve astillada suavemente por sus raíces que emiten gritos de desespero, intentan atraparla y ella quiere y no quiere. Preguntas. ¿Respuestas?

Días intensos, tranquilos. Días de reencuentros. Conversaciones actualizadas y abrazos sentidos. Días familiares, días de amigos.

Sí, jamás me gustó Córdoba, pero es ella, es Córdoba y siempre, siempre, estarás dentro. Por mucho tiempo que pase, por muchos lugares donde viva, por muchos viajes que haga y por mucha gente que conozca.

Próximo destino: Argentina

Deseo, me duele, me emociono, huyo, lloro, descubro, extraño, vuelvo, me reencuentro, me conecto y me desconecto...

Vuelo y camino hacia adelante y vuelvo atrás y camino de nuevo y el camino se transforma ...

Las despedidas se clavan acá dentro pero vuelven en forma de reencuentros o quizá nunca vuelven y se catapultan en ese momento, transformado en eterno. A veces siento que me acostumbro, a veces siento que no quiero despedirme más, aunque a estas alturas ya es inevitable... Las despedidas forman parte del transcurrir del tiempo.

El 2 de mayo de nuevo embarcaré mis valijas y partiré hacia Argentina!, donde estaré unos 4 meses, en esta ocasión con un proyecto de la universidad.
Viviendo y transitando entre Buenos Aires, el noreste y el noroeste...caminando hacia territorios fronterizos... ya sabéis que Córdoba también entra en mis planes.

Seguiré acá, conectada on-line, intentaré volver a la carga con las bitácoras y el blog seguirá latente deseando ser acompañado por vosotr@s... y sentir que la red continua vibrando, que me alimento de vuestras ausencias presentes y de las presencias que reencuentro.

A algunos les perdí la pista, otros me la perdieron a mí. Estáis aquí, estáis allí, anclados en cualquier lugar de la tierra, deambulando, y también hay unos cuántos viajando por ahí.
Abril 2007

¿Para qué sirve la utopía?... Eduardo Galeano

Sé que las palabras que vienen a continuación son universalmente célebres, me atrevería a decir que ya viajaron por muchas almas, fueron nombradas por muchas bocas y escritas incontables veces. Quizá no es nada novedoso citar a Galeano pero ahí va:

"Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar."
Eduardo Galeano

Todo un placer para mí que este espacio virtual se impregne de tus palabras y que quién las lea camine un poco más.

encontraréis a eduardo galeano en cualquier lugar, un link entre muchos: http://www.escritores.org/galeano.htm

Viajes a los sueños polares

Hoy, en un día de lluvia, las lágrimas inundan la ciudad y arrebatan el sol en una primavera que empezó invernal. Barcelona amanece pesada y expulsa mi cuerpo de sus calles. Desde mi refugio, evoco lugares ya transitados e imagino otros que me atienden, sin exigirme tiempo. Viajo un poco, sólo un poquito. Siempre es bueno descubrir otras formas de viajar, de moverse internamente y que las sensaciones provoquen disparadores sin conocer el destino.

Hoy, así, sin más, mi anhelo es caminar…

Espero que disfrutéis este viaje al infinito -un sueño, un deseo, una utopía, o quizá una realidad-:

“Viajes a los sueños polares”. Family

Cuando pesen demasiado
La rutina, el trabajo y la vida en la ciudad
Nos iremos en un viaje infinito
Con esa tonta sensación de libertad

Hacia el fondo de ese mundo
Del que me has hablado tanto
Paraíso de glaciares y de bosques polares
Donde miedos y temores se convierten en paisajes
De infinitos abedules de hermosura incomparable

Dibujamos sobre un mapa imaginario
Autopistas de gran velocidad
Nos invade una ilusión desconocida
Y nuestra intención es avanzar

Hacia el fondo de ese mundo
Del que me has hablado tanto
Paraíso de glaciares y de bosques polares
Donde miedos y temores se convierten en paisajes
De infinitos abedules de hermosura incomparable
Donde siempre te querré

(foto: mariona guiu)

Cayó en mis manos "La luna nómada" de Leonardo Valencia

Atraída por el título, no dudé en comprarlo. Reconozco que más de una vez compré un libro porque el título despertó en mí alguna sensación, y, en este caso, esas dos palabras fueron determinantes.

Luna y nomadismo. C´est tout.

Y dos citas que aparecen en él:

“El siniestro espíritu del cosmopolita: esa consecuencia poco confortable de haber conocido muchas tierras y no sentirse en casa en ninguna”, Henry James

“No sentirse en casa en ninguna parte pero sentirse bien casi en todos los sitios”, Georges Perec

Cuando nombro ciertas palabras tales como raíz u origen realmente me atemoriza. El peso de las mismas es tan contundente que caen en seco al suelo, a la tierra. Como si un ladrillo fuera lanzado con fuerza. Y anhelo tocar la tierra, desplazarme sin apenas ser elevada, pero algo me impide seguir caminando. Un golpe de viento traspasa de manera súbita mi cuerpo, y éste se convierte en algodón. Y el algodón se deshace y es entonces cuando empieza a volar y, de repente, los pedacitos de algodón se posan en varios lugares, en varias tierras.

Me elevo y en el instante más inesperado caigo en seco a la tierra.

Recupero mis raíces, esté donde esté. Pero el vuelo es tan acelerado, tan siniestro y tan arrebatador que las raíces empiezan a diluirse… y mis casas se multiplican.
Y las “mis” pasan a ser “las”.
Y las miradas ya no son las mismas.
Y ahora existen contrastes.

Los pedacitos de algodón se desplazan sin rumbo. Rojo, violeta, azul, amarillo, negro atrapan los pedacitos. Los colores ya no se van más.
Marzo´07

Fotografía tomada en la parte trasera de una camioneta que nos llevó a Cabo Polonio (Uruguay), un lugar perdido... en julio 2006, invierno en Sudamérica.

"Nomadismo e itinerancia , de regreso al no lugar". Caterine Galaz

"El término nomadismo se utiliza comúnmente para referirse a un tipo de vida que se caracteriza por la errancia permanente y la deambulación territorial. Sin embargo, ya algunas perspectivas teóricas comienzan a utilizar la idea de nomadismo como una metáfora que posibilite referirse al tránsito y al cambio permanente, al no lugar fijo, no sólo a nivel geográfico sino también en las formas de pensamiento, de sentimientos y de valores. La idea de nomadismo está relacionada con el deseo antropológico de libertad y movimiento de cada persona, que le lleva a navegar en su identidad a través del tiempo, e incluso a transgredir las normas sociales.
Una de estas voces es Michael Maffesoli, profesor de la Universidad de La Sorbona, quien destaca la disconformidad que manifiestan algunas personas dentro del sistema mundial para aceptar tener un sólo espacio en la vida, sea este entendido como un solo domicilio, o bien como identidad profesional, sexual o cultural, una postura ideológica o la visión tradicional de familia. Así existirían personas que optan por posiciones más abiertas a los cambios o a la movilidad en estos aspectos.

El orden y el intento de difundir un único pensamiento sociocultural como realidad aceptable, dejando afuera de lo que se considera como "normal" a otras expresiones, llevaría a que ciertos grupos de personas sintieran y respondieran a contracorriente, con actuaciones que los liberen de esos espacios fijos y cerrados.

Esas personas son los «nuevos nómades» dentro de un sistema de pensamiento que les coarta su expresión. Es una forma de escape del cuerpo y además de la razón ante el creciente deseo de mudanza."

Hace tiempo que mi vida transcurre entre valijas

Hacer, deshacer, organizar, amontonar libros, ropa, fotografías, miles de anotaciones, cuadernos de viajes...Limpiar y limpiar los espacios que ocupo en un tiempo determinado, los hogares que habito por un año, dos meses o tres días. "Fer net", como decimos los catalanes. Volver a empezar con energía, dejar atrás, con un aire de nostalgia, sin anhelar volver.
Con el tiempo, estoy aprendiendo a desprenderme de cosas, de simples cosas. Hasta el día de hoy algunos pedazos de fotografías revolotean por los desechos. Mi ropa se encuentra distribuida entre mis amigas de Córdoba y Barcelona. El patrimonio literario empieza a ser desbordante y jamás quise dictar un orden.
Los fetiches viajan conmigo, eso sí. Soy fetichista. Sin embargo, en dos segundos aquello que fue esencial, ahora se transforma en prescindible. El dinamismo nutre el camino.
Estoy aprendiendo a "fer net" y me gusta, me hace sentir bien.

Hace tres meses que llegué a Barcelona y hace unas semanas que empecé a leer de nuevo las bitácoras de viaje, que mi vista se deleitó en las fotografías, que desvalijé todas mis pertenencias y los recuerdos empezaron a caer como gotas de agua. Gotas agresivas. Dulces y contundentes. Directas a las vísceras.

Y el ayer se transforma en relativo, el presente en inestable y el futuro en incierto. Y es así como empiezo a vivir el presente. Escribo un capítulo más, mientras Laurie Anderson invade mi nuevo espacio y las paredes empiezan a ser vestidas.
Y es una extraña vivencia seguir con el anteayer, el ayer y aprender a estar aquí, a retomar lo que tenía, lo que sentía, porque todo está en continuo movimiento, porque el invierno ya me abriga con el frío y el año termina con una gran valija que todavía no me atreví a abrir, quizá jamás encuentre la llave o quizá esa valija deambula por los aeropuertos. Porque no hay un lugar eterno.

Perdí la llave… como siempre, pierdo cosas y en el momento más inesperado las encuentro a mi lado.

Valijas, cambios, ciclos, lugares, personas. Un capítulo más. Una triste despedida. Un reencuentro fugaz. Un volver extraño. Una raíz transformada.

Mientras me preparo para un viaje incierto esa gran bola reinante llamada sol por momentos incrusta rayos en mi piel.
Estoy sentada en la sala de espera y el vuelo todavía no llegó. Por el momento observo. Sin más, me dejo llevar. Y sigo aprendiendo... y sigo, sigo...
Diciembre´06
(foto: mariona guiu)

Las despedidas

Camino. Silencio. Mirada perdida, resguardada. Escondida al otro lado de las gafas de sol. Día gris. Y los ojos no se atreven a mirar.

Y las palabras divagan en la garganta, envueltas por una cuerda gruesa que fisura las palabras.

Silencio. Temblor en el cuerpo. Silencio.

Una mirada perdida en el camino hacia el aeropuerto.

De repente, un hilo de voz aparece…entrecortado por el sollozo.

Unas lágrimas que se liberan. Y un alma que arde.

La eterna y efímera angustia de la despedida.

Un adiós. Alargar un adiós. Un maldito adiós y hasta la vuelta.

Una ausencia. Una triste y dulce ausencia.

Alguien que se va. Alguien a quién dejo. Fantaseo el reencuentro.


Diciembre´06

Una mujer viajando sola remite a...

... las siguientes cuestiones: hola, estoy sola y busco plan o, por el contrario, hola, estoy sola, desamparada en el mundo, y necesito ayuda.


Una mujer viajando sola por Latinoamérica y más aún cuando conversa con nativos de pueblos y aldeas, (que por lo general son más conservadores) las primeras preguntas son: ¿está casada? ¿y su esposo?. Te miran como si fueras de Marte cuando dices que tienes 28 años, no estás casada, por el momento no piensas en tener hijos y estás viajando simplemente porque anhelas descubrir otras tierras y formas de vida.


Con el tiempo aprendes a desdibujar la realidad, también por seguridad, y dices que sí, estás casada y que vas a encontrarte con tu esposo en el próximo pueblo o que tu esposo te espera en el bar de la esquina. O simplemente que estás viajando por trabajo y que tu esposo te está esperando en tu país y, que cuando vuelvas, viviréis felices, comeréis perdices, y tendréis no 1 sino 5 hijos.


Pues sí, a veces resulta un poco agotador, aunque no deja de ser cómico. Sin embargo tiene muchas ventajas viajar sola, realmente encuentras a gente que te ayuda desinteresadamente, hombres y mujeres mayores son los más fiables, surge su instinto de protección. Y realmente guardo en mi memoria experiencias muy lindas. Además, el hecho de estar fuera de contexto totalmente, te permite elegir ser quién tú quieras, dónde quieras y cuando quieras. Creo que después de estos viajes, al final terminaré solicitando la nacionalidad argentina, de las veces que me han confundido como tal, ¿será que estoy muy cordobesa?, y de las veces que no lo he desmentido y he jugado con ello.


Viajar sola despierta las sensaciones que se despliegan a flor de piel, más que nunca! Sientes mucho más todo lo que te pasa, desde el diálogo con el señor conductor del bus hasta el despertar de las sensaciones en vivo contemplando el mar al atardecer!. Porque estás tú y tu alma ante la inmensidad de un destino desconocido que por momentos, se acelera y, por momentos, se aleja lentamente.Vas tomando decisiones sin saber el camino. Los estados de ánimo son absolutamente ciclotímicos. Los extremos se despliegan de manera frenética.


Nunca sabes lo que te espera antes de iniciar un viaje, y las experiencias, acontecimientos y encuentros, por ínfimos que sean, son toda una vida!Porque todo viaje es novedad.


Tomar un avión, un bus, un tren, aunque sólo sea un par de días, inyecta adrenalina en las venas. El cambio de territorio, la seducción que genera lo desconocido, desplazarse entre un lugar y otro. Recrearse en los no lugares, como si fueran hogares. Hacer de la transitoriedad un hogar. Ser caminante divagando en el desarraigo.Un desarraigo que se inscribe en el círculo de la desesperanza, la nostalgia y, por contradictorio que parezca, en la transparente fortaleza de los vínculos que permanecen etéreamente arraigados.


Enero 2006
Ecuador

"No te salves" de Mario Benedetti

"No te quede inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo."


Mario Benedetti

...en transición...

Ser anónimo en la esfera del nomadismo.

La seducción que genera lo desconocido. Desplazarse entre un lugar y otro. El cambio de territorio inyecta adrenalina en las venas. Sensaciones que se precipitan como súbitas contracciones placenteras.

Nunca sabemos lo que nos depara un viaje. Las experiencias, acontecimientos y encuentros, por ínfimos que sean, se apresuran como leves insinuaciones misteriosas. Y es en el momento que logramos descargar esa mochila de resonancias del pasado, que el viaje nos invita a dejarnos llevar. Y nos dejamos llevar...

Nos deslizamos en el eterno desplazamiento donde los extremos se despliegan de manera frenética y los estados de ánimo son absolutamente ciclotímicos. Palpamos la huida hacia un destino incierto que, por momentos se acelera y, por momentos, se aleja lentamente. Es el camino a ninguna parte, donde las decisiones adquieren un matiz clarividente.

Me pregunto si la huida nos condena a una constante esclavitud, acechada por el anhelo al nomadismo, o es, más bien, una libertad construida en nuestro imaginario.

Nos convertimos en eternos extranjeros en tierras ajenas. No sentimos la sensación de pertinencia a ningún lugar y, al mismo tiempo, una serenidad embriaga nuestros sentidos cuando presentimos formar parte del todo y de la nada. Estamos dentro y fuera.

Y cuando osamos analizar una realidad inexplicable retrocedemos en cuestión de segundos. El intento por adivinar aquello impalpable nos sumerge de nuevo en la esfera de la razón. No desistimos y reincidimos en el esfuerzo por permanecer en el estado de tránsito. Y de lo efímero hacemos vivencia eterna.

Nos abandonamos a la suerte de ser extranjeros vagabundeando entre mástiles delirantes de intuición. Y nos lanzamos, sin más, al vacío.

De la nada te lo dan todo

El día domingo 29 de enero de 2006 estaba esperando el bus para ir a Lima, en un restaurante delante de la terminal de autobuses Flores (Trujillo). Empecé a conversar con Mario, un chico de 21 años de la zona de la selva que está estudiando mecánica en Lima. Años atrás, Mario era taxista y bajó con una pistola a un hombre que le intentó robar. Cuando me dice bajar, entiendo que bajar es echar fuera del taxi. Pero no, bajar es matar. Mario pasó un mes en la cárcel y por una gran suma de plata fue liberado.

Me cuenta que en la cárcel todas las Navidades organizan un sorteo y a quién le toca se libera para siempre. Todos entran en el sorteo, excepto narcotráfico y terrorismo, es decir, un violador puede quedar libre porque su número ha salido “afortunadamente” en el sorteo.

Si hablamos de América Latina, en Perú y Ecuador (y deduzco que en otros países, más bien centroamericanos) el narcotráfico está drásticamente condenado. De mientras el gobierno y las fuerzas del orden son los primeros en traficar y ser ejemplarmente corruptos.

De vez en cuando se ven niños esnifando pegamento, vagabundeando por las calles, no tienen nada más en su vida. Y una señora pomposa, que en breve tomará un avión a Miami, los mira y exclama “pobres niños”, alejándose lentamente.

Los españoles destruyeron estas hermosas tierras y con ello el derecho a la existencia. La prohibición a “existir” todavía prevalece. Ahora los españoles viajamos y nos enojamos porque nos timan cuando tomamos un taxi o tenemos que regatear cuando compramos su artesanía.

Y la aniquilación descabellada continúa, con la gran invasión gringa, la aberrante precariedad laboral, la explotación, la corrupción policial, etc... y la supuesta integración del indígena en las redes turísticas. Pobrecito indígena que sino vive aislado de la sociedad. ¿pero de qué estamos hablando? Si la comunidad indígena termina siendo un zoológico de seres exóticos!!! Aún así, la resistencia de gran parte de las comunidades indígenas y la defensa de sus tradiciones y derechos es realmente alentador y admirable.

Los timos, robos y secuestros siguen siendo numerosos ¿y qué van a hacer? No lo defiendo pero en cierto punto, es comprensible (no el secuestro, pero sí el robo), llego a la conclusión que cuando el Estado les da la espalda y los propios humanos también, se tienen que buscar la vida. Es la ley de la supervivencia.

De robos, drogas y asesinatos también podemos hablar en Europa, el peligro existe en todos los lugares si te metes de lleno en la boca del lobo, obviamente con diferencias de grado. De barrios peligrosos también hay unos cuántos en España.

¿Señorita qué tengo qué hacer para ir a su país? ¿Cómo puedo conseguir un visado? Y España para ellos es el paraíso. Un divino paraíso en su imaginario.
Y qué cosas tiene la vida, ¡allá se les trata peor!! ¡No quieren a los “sudacas”!! Y de los que logran llegar, un enorme porcentaje malvive en pésimas condiciones (mayormente peruanos, bolivianos, ecuatorianos –la clase social más baja de los inmigrantes latinoamericanos-).

La violencia atroz es el pan de cada día. Las violaciones, los maltratos a la mujer y al niño, las muertes de millones de niños siguen, siguen....De mientras nosotros viajamos por estas tierras y, entre tanto malvivir, injusticia y adversidades, me encuentro con personas admirables y encantadoras que me regalan alimentos, me acompañan por zonas peligrosas o me obsequian con cómplices sonrisas. Porque ellos de la nada te lo dan todo.

La profunda brecha entre el primer y el tercer mundo seguirá dilatándose. Me pasaría horas y horas escribiendo, aunque me falta vivencia y conocimiento. Simplemente, despliego apuntes, brevísimas pinceladas, sin ánimo de analizar exhaustivamente. Es lo que veo, lo que siento. Muchas cosas por reflexionar y muchas más cosas por hacer.

El Salar de Uyuni


Cuenta la leyenda que Tunupa, el volcán en forma de seno, era la esposa de Cusco, una montaña en forma de rostro de persona con la frente hundida, pero Cusco traicionó a Tunupa con Ozuña, otra montaña. Entonces Tunupa, furiosa, le lanzó una piedra hundiéndole la frente. Tunupa y Cusco tenían varios hijos, que son las islas ubicadas en el salar. Islas formadas por las erupciones de piedra volcánica que rebotan en la sal y como la tierra está caliente, erupta la roca y se forma la isla.

Tunupa esparció de manera salvaje toda la leche de sus senos para alimentar a sus hijos, las islas, y es así como surgió el salar.
La intensidad del silencio, instantes indescriptibles, instantes eternos donde la presencia se convierte en la nada. Es extraordinario, ejercitar el sentido del oído, escuchando el silencio y, al mismo tiempo, regocijar mi vista en la pulcra y nítida superfície angelical, palpar el suelo frío que empieza a calentarse por el sol, degustar la sal y oler su alma.


Atisbo el horizonte, pareciera estar en el mar. Un mar de sal.

Agosto 2006
Bolivia

buscando...

Voy perdiendo el deseo de lo que busco, buscando lo que deseo.
Antonio Porchia en "Voces"

Diminutas partículas vivientes divagan en el peligroso túnel de la esfera terrestre, seducidas por el vértigo de instantáneas luchas atravesadas por la insatisfacción.

¿Por qué siempre estamos buscando? ¿quién encuentra deja de buscar? ¿por qué hay personas que nunca buscan? ¿por qué hay personas que son “supuestamente felices” con lo que “tienen”?
Vivimos en una sociedad capitalista donde el “tener” se antepone al “sentir”. Y el “sentir” está dejando de existir.

La locura despliega su acérrimo poder cuando intentamos zambullirnos en esta maldita rueda frenética y galopamos a pasos agigantados, perdidos en la era de la ansiedad y la depresión.

Y así es como el tener, tener y tener se antepone al sentir.

Caminamos entre tupidos velos que nos impiden ver más allá y buscamos.

No nos detiene nada en esta absurda y anhelada búsqueda.

Nos movemos, sumergidos en una esfera en llamas, danzamos entre aguas imperceptibles que, de vez en cuando, se convierten en olas inesperadamente violentas.

Y seguimos buscando...

Nos enfrentamos continuamente contra enormes muros y fantasmas indecisos. Esa maldita búsqueda sin sentido, o sí, quizá ¿tiene sentido?.

Y seguimos buscando...

Cuanto más descubrimos, encontramos a medias (¿es un espejismo?), el pensamiento anhela adentrarse de nuevo en la perdición. Volvemos a empezar en la frenética rueda.

Y seguimos buscando...

Huracán vital que despierta temor y atracción al mismo tiempo. Buscamos todo aquello que jamás encontraremos, porque todo está en continuo movimiento y el reino de la relatividad desplaza las verdades absolutas.

Y los humanos que dejaron de creer en los dogmas, los pilares convencionales y la estructura propia de la sociedad capitalista, son pocos. Estos humanos siguen buscando. Es la búsqueda de la búsqueda. Resulta difícil abstraerse del entorno y seguir el instinto. Sin embargo, es posible. No deja de ser una suerte de inconformismo.

Buscar y encontrar. Caminar, buscar, perder, caminar. Círculos soñadores, movimientos soñados. Volar. Aterrizar. Volar. Nos perdemos en la búsqueda del sentir. ¿Realmente deseamos encontrar?

Todo ínfimo encuentro provoca la detención completa del ser. Pero todo tiene un final. Es cambiante y transitorio. Y todo final supone de nuevo una búsqueda. ¿Seremos eternos en la búsqueda?. ¿Algún día descubriremos el secreto para aprender a regocijarnos en ella?.

Sólo es suficiente con un amanecer para que todo vuelva a empezar

Impresiones sobre tierras guatemaltecas

18 de agosto de 2005
Lago de Atitlan (a 2´5 h al oeste de Antigua), ubicado en las tierras altas occidentales que se extienden desde Antigua hasta la frontera con México.

Arribo a “Panajachel”, población situada a las orillas del Lago Atitlan, a las 11h de la mañana, después de pasar toda la noche en el colectivo, con una terrible angustia que no me permitió dormir. La forma de manejar en Guatemala es aterradora. Drásticamente aterradora. Pareciera como si los conductores se regocijaran retando a la muerte. El viaje nocturno se caracterizó por breves paradas imprevistas en cualquier lugar de la carretera para recoger a pasajeros, y frenazos violentos intentando esquivar a chapines, caminando sin rumbo fijo, casi decayéndose a causa de los efectos del alcohol. En Guatemala es común que los indígenas se lancen al alcohol de manera compulsiva. Quizá sea el deseo por evadirse de su entorno y de abstraerse de una continua explotación laboral y humana.

“Panajachel” fue un enclave hippie en las décadas de 1960-1970. Hace unos años “Panajachel” fue una aldea tranquila donde se establecieron los maya cakchiquel, sin embargo, en la actualidad se ha convertido en una localidad turística donde conviven mayas, ladinos, estadounidenses y turistas. Es probable que haya perdido su encanto pero es un destino inevitable, ya que es el lugar de salida de las lanchas que parten a los pueblos que rodean el lago Atitlan.

Según los expertos, el lago Atitlan es uno de los pocos campos vórtice de energía del mundo, por esta razón se ha convertido en el lugar de encuentro de terapeutas y curanderos. Sin dejar de ver las ínfimas aristas de la cruel realidad, donde conviven farsantes y personajes con la bola de cristal en mano, que viven en la perdición de tanta invención espiritual, es cierto que la energía late sutilmente. Con las pupilas bien abiertas intento impregnarme de las aguas reveladoras del Lago Atitlan. Siento una ferviente atracción por los lagos. Creo que desprenden un poder incandescente alimentado por rayos energéticos. Atitlan me regala una exquisita invitación: a zambullirme en su reino.

Es sorprendente la fuerza de la cultura maya a las orillas del lago, aún conservan sus tradiciones y los dialectos mayas (tzutujil, cakchiquel y quiché). En cuanto al turismo: “San Pedro La Laguna” es el destino más solicitado por los viajeros jóvenes, por la sencilla razón que es lugar donde se pueden encontrar impresionantes fiestas y una excelente marihuana. Este hecho se enfatiza más cuando es noche de luna llena. “San Marcos La Laguna” atrae a terapeutas, reikistas, practicantes de yoga, astrólogos, profesionales e interesados en terapias holísticas. “Santa Cruz La Laguna” es un intermedio de los dos anteriores. Hasta el último momento no me decido. Sigo mi instinto y una vibración fugaz me conduce a “San Marcos”.

“San Marcos La Laguna” desprende una auténtica paz, vacilante entre la caída de la lluvia y la danza de las nubes blancas que se disuelven lentamente en la atmósfera volcánica. Paseo, leo, duermo, contemplo el lago y percibo unas miradas cálidas. Ojos negros y grandes, de una claridad innegable, acompañados de dulces sonrisas y saludos agradables.

La división de la población es evidente. En la parte baja están ubicados los hospedajes y en la parte alta las viviendas, la escuela, la iglesia y pequeños comercios. Si el extranjero no intenta descubrir que hay más allá de la escuela, jamás verá la realidad de la población, donde viven niños que se acercan corriendo desesperados para pedirme el jugo de naranja que estoy tomando o cuando me piden bolígrafos para escribir en las clases. De mientras, los viajeros nos deleitamos saboreando una exquisita comida vegetariana y los más afortunados, se alojan en el hotel “Las Pirámides”, un lugar para la meditación y el yoga, a un costo muy elevado.

20 de agosto de 2005
Antigua. Antigua vida mía

La ciudad encantada. Antigua fue fundada en 1543 y se mantuvo como la capital de Guatemala hasta que alrededor del 1700 la capital se trasladó a Ciudad de Guatemala, a causa de una gran catástrofe: un terremoto que destruyó la ciudad.

Declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, Antigua conserva sus románticas calles adoquinadas y casas de colores. Una hermosa ciudad colonial con edificios de los siglos XVII -XVIII e iglesias en ruinas que desprenden un aire misteriosamente decadente.

Hace mucho tiempo que quería conocer Antigua e intuyo que me va a cautivar o quizá es tan sólo un anhelo que de tan sólido aparece como si fuera una especie de intuición. Lamentablemente en muchas ocasiones el imaginario arrasa la realidad.

Me da la sensación que vivir en Antigua es como permanecer en la ciudad del más allá, un lugar irreal, donde el espacio y el tiempo son imperceptibles. Los Volcanes de Agua, Fuego y Acatenango abrazan la ciudad protegiéndola. Los volcanes también sirven como orientación para los chapines, quienes se mueven por instinto sin conocer apenas el nombre de las calles. En Antigua y en toda Guatemala creo que llegas antes a los sitios sin preguntar a los nativos. Unos no saben, otros se contradicen y los más osados te dicen que todo recto. La verdad es que no deja de ser gracioso.

Antigua es una de las principales atracciones turísticas de Guatemala, donde no tan sólo se entremezclan turistas en tránsito, sino también extranjeros que trabajan en temas de cooperación o estudian la lengua hispánica (hay una gran cantidad de escuelas de español). Todos estos elementos envuelven a Antigua en una burbuja europea fusionada con gringolandia.

22 de agosto de 2005
Quetzaltenango (Xela)

Me encuentro con mi amigo Javi en Quetzaltenango donde está trabajando durante un mes para llevar a cabo un proyecto sobre patrimonio. Quetzaltenango es la segunda ciudad de Guatemala, donde se puede ver una gran concentración de población quiché. Goza de una arquitectura imperial y se respira un ambiente de matiz más provinciano. Nuestra actividad principal es pasear, además de deleitarnos y perdernos en el impresionante mercado, lugar ideal de cualquier ciudad donde las cosas se precipitan en su verdadero color. La gran vitalidad de los vestidos de las mujeres mayas se fusiona con la luminosidad amarillenta de las bananas y una gran cantidad de frutas y alimentos que rodean el exterior del mercado.

Vuelvo Antigua para pasar el último día de mi viaje, disfrutando de la fugacidad del momento y anhelando quedarme un poquito más. Mañana por la tarde tomaré la camioneta dirección Ciudad de Guatemala donde pasaré la última noche. Atrás quedará Guatemala. Un país donde las sonrisas se dibujan en los rostros al cruzar las miradas.

Me reprimí muchas veces de registrar con mi cámara de fotos esos rostros y esos colores. Una belleza que se queda dentro de mí. Seguramente los chapines sientan que su alma huye con la imagen.

La hermosura y el calor humano convive con los destrozos de una guerra civil de 33 años (finalizó en el año 1996). La corrupción política, y obviamente policial, es aquí contundente. El peligro acecha varias veces infundiendo un temor justificable.

Guatemala, el temblor de una tierra que late al son de los volcanes, logrando mantener su identidad, violada infinitas veces. La lucha por los derechos humanos en Guatemala ha sido y es esencial. De manera drástica, los indígenas siempre han sido golpeados.

La gran influencia de Europa y de la temerosa potencia norteamericana ha calado profundamente hasta el punto que los propios chapines de clase alta, un círculo reducido y muy adinerado, se avergüenzan de sus propios orígenes, de la cultura maya. Para esta gente, ser indígena hoy es despreciable.

Multitud de interrogantes se despliegan en mi mente ¿tendríamos que trabajar más la conciencia? La identidad y las libertades humanas han sido históricamente destruidas, prohibiendo el derecho a existir. La violencia atroz es el pan de cada día. Las comunidades indígenas son cruelmente aniquiladas o terminan siendo integradas según los parámetros del “sistema”, pero ¿estamos hablando de integración? ¿o de un zoológico que recibe a millones de turistas atraídos por el exotismo de sus prácticas?. Aún así, la resistencia de gran parte de dichas comunidades y la defensa de sus tradiciones y derechos es realmente alentador y admirable. ¿Es posible luchar y tener la esperanza de re-construir cada uno en la medida de sus posibilidades?




Edith (visita a la cárcel de mujeres de Quito)

Antes de arribar a Quito, ya tenía la intención de visitar la cárcel de mujeres. Los días de visita son los miércoles y los sábados por la mañana. Mi necesidad de ir más allá de la simple superficie embellecida únicamente para los extranjeros, de despellejar las numerosas capas del país y de conocer todo lo que pueda contribuir a la formación de mi pensamiento y experiencia provocan que mis viajes no sean vacaciones, entendidas en el sentido convencional.

Decido visitar una cárcel por primera vez en mi vida.

En varios países permiten visitas a las cárceles, se puede conversar con los presos, se les lleva tabaco, alimentos, ropa. ¡Y claro!, no todos los presos son lacras de la sociedad, las cárceles forman parte de la lógica de este mundo infame.

Un amigo de Quito, Patricio, ya había llamado a la Casa de la Mujer para consultar sobre las visitas y le dijeron que no había ningún inconveniente. No obstante, la misma mañana antes de ir, decido hacer una llamada. Es un miércoles.

Me atiende una chica que me dice que es necesario dar un nombre en la entrada, es decir, tengo que visitar una presa, no puedo ir libremente. Obviamente, yo no conozco a nadie. Le digo que soy española que simplemente tengo interés en visitar y ver el funcionamiento interno de la cárcel. Después de una breve conversación, la chica me dice: “Yo soy interna. Si quieres da mi nombre en la entrada y te atiendo. Me llamo Edith Delgado”.

Una hora después estoy en la cola para entrar a la cárcel. Conozco a Inka, una alemana que está trabajando de voluntaria, conversamos mientras esperamos nuestro turno. Entro con ella. En una ventanilla, dejo mi pasaporte. Paso a la oficina de al lado, chequean mi bolso, mi billetera. No se percatan de la cámara de fotos. Tantean mi cuerpo como en los aeropuertos. Seguimos con Inka hacia la primera puerta blindada, nos ponen un sello en el brazo, seguimos hasta la segunda puerta blindada, nos ponen otro sello en el brazo. Entramos.

Un largo pasillo enmarcado por dos altísimos edificios es la primera imagen. Mujeres sentadas en los bancos esperando, paseando de un lado a otro, conversando con sus esposos, hijos, amigos. Mujeres que me observan indiferentes. Mujeres que me observan detenidamente. Ruido, gritos, caos.

Una mujer negra, gigante, de mirada agresiva y, contradictoriamente, con una cierta candidez, me pregunta a quién busco. Le contesto: Edith Delgado. Me dice que la va a buscar. Esta mujer, interna también, se dedica a buscar a gritos a las presas en los días de visitas. Es su trabajo durante los días de visita. Empieza a gritar a los cuatro vientos: ¡Edith!!, ¡Edith!!. De mientras yo estoy con Inka que conoce a varias de las presas. Me presenta a una chica sudafricana, con quién conversamos brevemente. Está presa por narcotráfico, como la mayoría, y me cuenta que en este país “es más fácil matar a alguien que traficar con drogas. Por asesinato te caen menos años.” No entiendo cuál es el criterio, aunque si tuviéramos que empezar a analizar la lógica del Estado, nos perderíamos en el camino de la contradicción, es inexistente. La chica sudafricana tiene un rostro amargo, unos hermosos ojos azules parecieran que están perdiendo vida, como si estuviera resignada a todo y todos. Sin embargo, conversa con nosotras de manera amigable.

Mientras estamos conversando, la mujer gigante se acerca varias veces para decirme que no la encuentra pero que sigue buscando, es divertida. Dentro de estas desgracias infames siempre hay lugar para lo bizarro, disfrazado de pinceladas cómicas. Finalmente me dice que Edith está en el despacho del director, justo al lado de la entrada a la cárcel. Le doy los 50 centavos por su tarea. Me despido de Inka y salgo otra vez por la puerta blindada buscando a Edith.

Llego a las oficinas, pregunto a varias personas y me indican quién es Edith. Está de espaldas a la puerta, sentada frente a la mesa del director. La puerta está entreabierta, doy unos golpecitos, se gira y está llorando. Le pido disculpas. Me dice que espere un momento que ya sale. En esos momentos entra el director. Me alejo de la oficina, me siento en un banquito en la entrada. Me voy sintiendo pequeñita, pequeñita, me siento fuera de lugar, con deseos de encontrar un sentido a este encuentro, pero ¿qué estoy haciendo aquí?.

Después de diez minutos de espera, sale Edith con lágrimas en los ojos, le digo que si no es un buen momento me voy, me dice que no, que me quede, le pregunto si puedo ayudar en algo y me explica la razón de su tristeza. Le han denegado la libertad condicional.

Edith tiene 28 años, como yo, pero parece mucho mayor. Tiene el cabello negro y largo, un rostro duro con las facciones muy bien marcadas. Su presencia es imponente, desprende fuerza y me atrevería a decir autoridad, siendo que estamos en una cárcel de mujeres y ella es una interna. El rostro de Edith está inundado de lágrimas, sin embargo, no pierde la constancia y la lucha por sus derechos, la energía que tanto la caracteriza, según percibo y corroboro después.

Edith fue condenada a 9 años de prisión por narcotráfico. Hace 4 años que su vida transcurre en la cárcel, que no puede pasear a la luz del sol, que no disfruta de una cerveza con sus amigos, que no puede tomar un colectivo como si fuera algo cotidiano en su vida, ni comprar el pan en la tienda de la esquina, ni atender en el paso de peatones hasta que el semáforo se ponga verde. Por simple que parezca, no puede hacerlo.

Gran parte de mi visita transcurre en su habitación, donde charlamos, me cuenta sobre la vida en la cárcel, me enseña fotos, me explica el proceso que ha seguido para intentar que le concedan la libertad condicional, en vano. Para mi sorpresa, me dice que hay muchas presas extranjeras (brasileras, argentinas, sudafricanas, españolas, etc...), hay una catalana, a quién finalmente no alcanzo a conocer. Todas ellas están presas por narcotráfico. También conozco a Ingrid, su compañera de habitación. Ingrid se intentó suicidar el día anterior y está estirada convaleciente en la cama. Ingrid hace 3 años que está en la cárcel y "todavía" no han sentenciado su condena.
No sé cuál es el rostro de una persona dopada y que se ha intentado suicidar, pero el rostro de Ingrid es realmente fantasmagórico. Como si estuviera a punto de inyectarse heroína. Aún así, intenta sonreír cuando me ve, y participar en la conversación cuando sus fuerzas se lo permiten e incluso despliega alguna carcajada en algún momento divertido.

La habitación de Edith e Ingrid es muy pequeña pero acogedora, no parece una celda común, los colores azul y amarillo resaltan unas tremendas ganas de vivir, una eterna explosión de energía contenida.

Convengamos que Edith es la "interna ideal". Tiene una ejemplar conducta, estudia psicología en la universidad a distancia, coordina el taller de costura, le permiten tener ordenador y móvil. Y le han denegado la libertad condicional, aludiendo al informe psicológico. Goza de cierta “libertad” en la cárcel, y a los ojos de otras internas, son demasiadas concesiones. Ahora entiendo porqué ella atendió el teléfono. Sin embargo, Edith se lo ha ganado a pulso, desde su ingreso en la cárcel ha luchado por su rehabilitación. Edith es una mujer de fuerte carácter, sensible, entrañable. Me da la sensación que es de esas personas que puede ser una amiga encantadora y totalmente entregada, y, al mismo tiempo, una enemiga temerosa. Por todas estas razones, despierta pasiones y odio entre el resto de las internas.

En ningún momento de la conversación me explica cómo fue su detención, ni la cantidad de droga que traficaba, ni nada que tenga que ver con su vida pasada. Yo tampoco le pregunto, no me interesa. He conocido a la nueva Edith y no me interesa su pasado.

Hacemos una breve visita a las instalaciones, visitamos los talleres (de costura, reciclaje...) y la biblioteca. Pasamos por varios lugares donde “el regetón” (la música popular) es el protagonista y esos espacios de tránsito terminan convirtiéndose en diminutos bares donde disfrutan las presas con sus parejas durante los días de visita. Finalmente nos dirigimos a la salida donde recupero mi pasaporte. Un inmenso y sentido abrazo se apodera de mí cuando me despido de Edith. Vamos a seguir en contacto, nos intercambiamos los teléfonos y los correos electrónicos. Salgo del recinto con extrañas sensaciones dispares. Me voy caminando por la calle para buscar el colectivo de vuelta al hostal. Camino por la calle y observo sin más a los transeúntes. Edith volverá a su habitación azul y amarilla con rejas en las ventanas y de vez en cuando podrá deleitarse contemplando un amanecer con fisuras. Para mí ese día no ha sido únicamente la visita a la cárcel, sino el encuentro con Edith.

Nada es por casualidad. Edith me atendió el teléfono.
Enero 2005
Ecuador

Observando en Caraiva (Brasil)







30 años del golpe militar. 30.000 desaparecidos

A las 18h nos dirigimos a la Avenida Colón con La Cañada, el lugar de inicio de la marcha. Una gran cantidad de personas se está concentrando allá. Antes de arribar me percato que las calles, alejadas del lugar de concentración, están desiertas. Dos semanas atrás, el 24 de marzo fue declarado feriado. Hecho que puede provocar un sinfín de discusiones. ¿Es necesario declarar feriado un día que los argentinos jamás olvidaran? Convengamos que el gobierno pretende erigir este día sobre un pedestal repleto de connotaciones simbólicas? O intereses políticos? Creo que la memoria no se esfumará en el aire porque no sea declarado feriado. De todas maneras, no deja de sorprenderme ver una gran cantidad de estudiantes haciendo cola para comprar pasajes, en la boletería que está al lado de mi casa, durante los días previos al viernes 24. No pretendo juzgar, ni posicionarme, creo que no me corresponde, pero sí lanzar interrogantes al aire y reflexionar sobre lo que mis ojos y mis oídos registran constantemente.

El día 24 de marzo me levanto a las 10h y no salgo de casa hasta las 18h, escucho radio nacional y me empapo de una gran cantidad de noticias, datos históricos y reflexiones sobre el golpe militar de 1976. De vez en cuando miro por la ventana y atisbo en algunos edificios que están construyendo en Nueva Córdoba, fruto de una contundente especulación inmobiliaria, obreros trabajando. Parece ser que a ellos no les ha tocado el feriado.

Es la primera vez que voy a una marcha en Argentina. Es increíble la cantidad de gente que hay, las “madres” y “abuelas” de Plaza de Mayo, seguidas por los “hijos”, encabezan la marcha. Fotografías de los desaparecidos, con nombres y apellidos, se suceden las unas a las otras. Retratos avasalladores, reclamando ser resucitados. No faltan acciones artísticas, como las personas disfrazadas de monjas, empresarios y periodistas alzando carteles que rezan: “Soy cómplice”. Cabinas telefónicas están plagadas de carteles del Partido de los Trabajadores Socialistas: “Hace 30 años el empresario también llamó al golpe militar. Los mismos que hoy hacen superganancias y hunden el salario”. Mientras que al lado de una de estas cabinas, varias personas están tomando el café con leche con medias lunas, en un bar luminoso, viendo pasar a la gente.

Voy de un lado para otro, me pierdo varias veces y me encuentro con amigos y conocidos a lo largo de toda la marcha. Decido subir por las escaleras de la entrada a la Facultad de Ciencias, donde me encuentro casualmente con un amigo que me hace un lugar para poder registrar fotográficamente la marcha. Al menos tengo una vista semi-aérea. Pancartas y enormes banderas de partidos y movimientos políticos, asociaciones humanitarias, facultades, se entrelazan aparentemente. Sin embargo, el quiebre entre unos y otros permanece latente en la atmósfera. Argentina está fragmentada. Ideologías políticas de diversas vertientes, a menudo inventadas de la nada y/o fisuradas bruscamente, nutren esta Argentina que sufrió el mayor genocidio de su historia. El golpe militar encabezado por Videla arrasó salvajemente la vida humana y la libertad a existir.

Argentina sigue fragmentada y en fechas como ésta, hay quién siempre se aprovecha políticamente de la situación, como ocurrió en la marcha en Buenos Aires, cuando se leyó el discurso final con violentas acusaciones al gobierno actual, sin haber contado con el consentimiento ni el apoyo de las Abuelas y Madres de la Plaza de Mayo. Éstas empezaron a retirarse. También ocurrieron otros incidentes. La marcha representa la lucha contra un día atroz para Argentina, el inicio de una dictadura vestida de sangre, la marcha no es violencia, la marcha es dolor.

Pasos sufridos, gritos sobresaltados, llantos silenciosos, palabras y más palabras resuenan en el espacio. En mi piel se precipitan súbitos escalofríos. Unas 20.000 personas aproximadamente marchan exigiendo justicia y se manifiestan contra la impunidad. Me estremezco ante semejante multitud, ardiente por condenar y desgarrar a los culpables. Impotencia y desesperación de los familiares de los desaparecidos por no saber donde están, donde descansan sus restos. Angustia penumbrosa atravesada por revolucionarios mástiles en defensa de los derechos humanos.
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Dos días antes de la marcha fui a ver el documental “El último confín” de Pablo Ratto, donde se plasma el valioso trabajo que está haciendo el Equipo Argentino de Antropología Forense. Con la finalidad de identificar a los enterrados y retornarlos a sus seres queridos, el EAAF está trabajando en la exhumación de una fosa común en el Cementerio de San Vicente, donde fueron depositados los restos de las víctimas.

Los desaparecidos permanecerán eternamente en la memoria, sin embargo “el saber” del destino de sus restos y la recuperación de los mismos, despierta una calma y un alivio existencial. En cierta manera, están más cerca de ellos, aunque la injusticia fue, y seguirá siendo, y la cruel atrocidad vivirá en la memoria de Argentina.

Soy una extranjera en este país. No obstante, el hecho de vivir transitoriamente en Argentina provoca una drástica incursión en las venas del país, en su historia y quiebres viscerales. Aún existe mucha gente que trabaja y lucha ante la desesperanza de las adversidades mundiales. Los familiares de los desaparecidos nunca perderán la esperanza.

Nunca hay que perder la esperanza. Construir, re-construir, denunciar, tomar conciencia, luchar, defender la libertad, la identidad... cada uno desde su diminuta parcela, en la medida de sus posibilidades, con lo que pueda.

Marzo 2006
Córdoba, Argentina

Hacia el fin del mundo...

Es curioso como las cosas van adquiriendo una importancia relativa cuando estamos de viaje. Esa sensación de estar inmiscuida en la pureza del tránsito me moviliza de manera ininteligible y no, no pretendo entender nada. Nada de lo que me pasa. Porque si analizo mi volcán interno, esa sensación se esfumaría en el aire y jamás podría atraparla de nuevo.Siento que estoy divagando entre varios lugares y en ningún lugar al mismo tiempo. El no lugar lo llevo dentro. Todo, todo lo que no veo en la distancia adquiere un matiz relativo y, a la vez, clarividente.Ojalá mantuviera esta sensación en mi cotidiano, lo permanente se transforma en estos momentos...



11 de mayo


Como si un leve soplo de aire me fuera empujando hacia el abismo. Un dulce abismo. Una carretera se despliega ante mí. Una carretera y la nada. Voy avanzando lentamente, mordisqueando un horizonte que jamás termina.


Salimos de Argentina. Entramos en Chile. Cruzamos el Estrecho de Magallanes. Mi mano roza el agua helada. Salimos de Chile. Entramos de nuevo en Argentina. En Migraciones estampan en mi pasaporte el sello de entrada y ahora ya no agregan "hasta el 31 de julio de 2006" (fecha límite de mi visado), ahora son 90 días como turista. Me estremezco. El ciclo de dos años en Argentina está terminando. Me estremezco.



El colectivo reduce su marcha o se detiene en varias ocasiones para dejar pasar a rebaños de ovejas, animalitos que sin saberlo son los amos de estas tierras desérticas. Los perros las guían y el pastor, el único ser humano que veo hasta Río Grande (salvo los viajeros del colectivo) me saluda desde afuera, erigiendo su brazo de manera cómica. Breve parada en Río Grande y en Tolhuin. Seguimos por la carretera entre árboles muertos, empalagados por un musgo verde que le dan un aire fantasmagórico.
Y mientras anochece, sigo pensando... queda poco para arribar a Ushuaia.



12-13 y 14 mayo


Tierra del Fuego


Políticamente está repartida entre Chile (oeste y sur) y Argentina (norte y este)
Ushuaia. Bahía que entra hacia el oeste (en yámana)
La capital de Tierra del Fuego, Antártida y las Islas del Atlántico sur.
Única provincia insular de la República Argentina.
El vértice más austral de la provincia.



Cuando Fernando de Magallanes cruzó el Estrecho en 1520 pudo divisar a lo lejos señales de fuego, originado por las fogatas de los indios yámanes. De ahí el nombre de Tierra del Fuego, la última masa terrestre del mundo en ser poblada. Los primeros habitantes llegaron hace 11.000 años. Los "selknam" (conocidos popularmente como los "onas") ocuparon la zona norte, eran indígenas patagónicos que atravesaron la tierra del Estrecho antes de que lo inundaran las aguas. Fue la primera oleada migratoria de indios. Los "haush" habitaron las planicies. Los "onas" y los "haush" eran cazadores nómadas.Los "alakaluf" ocuparon la zona austral del Estrecho y los "yámana" el sur, hasta el Cabo Hornos.



Es un misterio el orígen de los "yámana", diversas teorías se han desarrollado acerca del tema, entre ellas, la procedencia de la Polinesia. Los últimos "yámana" puros vivieron en Puerto Williams (Chile).A lo largo del último cuarto del siglo XIX, la primera gran oleada de europeos empieza a aniquilar a los indígenas "yámana" (los últimos que quedaban en estas tierras) bajo la bandera instigadora de Dios. Los cambios de hábito, de alimentación y las enfermedades llevó al pueblo yámana a su extinción. En 1884 la población ya se había reducido a la mitad a causa del sarampión. En 1886, llegó la tuberculosis. A las epidemias se les unió la persecución violenta. Y así fue el fin. El fin de los aborígnes fueguinos. Les arrebataron la vida y a quien no, las ganas de vivir. Los quisieron "educar" e "integrarlos" según los parámetros del monstruoso continente dominante, y los condujeron a la muerte.

Y ahora se vuelve atrás. Se vuelve atrás buscando los orígenes de esta tierra que todavía emite suspiros ensangrentados en los confines del mundo.Tengo una conversación muy linda con Yoa (o Alba), directora del Museo Yámana. Sus palabras me acercan un poco más a esta civilización perdida. Me cuenta de sus proyectos, de difundir la cultura yámana y trabajar con niños en los barrios. Sus ojos desprenden un amor por la tierra. Me habla de Cristina Calderón (nombre con el cuál fue bautizada por los europeos), la última yámana pura. Una mujer de 70 años que vive en Puerto Williams y a quien los medios de comunicación la atosigan constantemente.


Ushuaia

Hace mucho frío y el sol brilla con todo su esplendor. En unas horas el sol se ocultará de nuevo, a las 18h. Camino por las calles empinadas de Ushuaia, admirando un entramado de edificios que conserva su fisonomía original, casas de madera y chapa metálica, y que convive con edificios modernos hechos de hormigón. Una extraña variedad de estilos, fruto de una población gestada por los inmigrantes. Los aborígenes fueron exterminados. Después los misioneros se fueron yendo (en 1871 instalaron la primera Misión Anglicana a cargo de Thomas Bridges). Llegaron españoles, italianos, croatas, chilenos, etc...En 1970 había apenas 5000 habitantes, ahora unos 60.000 aprox.





















Parque Nacional de Tierra del Fuego(ubicado en el sudoeste de la provincia)

Los "yámana" vivieron en él. Se desplazaban en canoas y se dedicaban a la caza de lobos marinos y a la recolección de moluscos.Creo que no soy enteramente consciente del lugar donde estoy. Me da la sensación que si hago un movimiento errado me puedo llegar a caer del mapa. Una desvinculación de la tierra. Respiro hondo, muy hondo. Me encuentro completamente sola en la Bahía Lapataia, el lugar más extremo del parque, tan sólo 3 cauquenes marinos me acompañan.Y se desplazan en mi mente efimeras insinuaciones de la obra del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich. Por primera vez en mi vida siento esa sensación monstruosa y mística. Me siento diminuta ante la apabullante naturaleza. Esa sensación sublime.


Jamás pensé, antes de emprender este corto viaje, que podía llegar a ser intenso.

Jamás pensé que el frío se podía convertir en calor. Aprendí, sin quererlo, a disfrutar de las ráfagas heladas del viento.
Jamás pensé que esta semana, en la cuál me había propuesto estar sola y divagar en mis pensamientos, se podía convertir en una hoguera de compañía humana, por todas las personas que conocí.



















Jamás pensé que estas tierras del sur podían abrigarme de manera tan intensa, rogándome a gritos mi vuelta.

Tierra del Fuego
Mayo 2006

La tragedia de Jánusha
"Dicen que antes de convertirse en Luna, Jánusha fue una mujer muy hermosa y repetada. Dirigía a sus congéneres en el tiempo en que todas juntas dominaban a los hombres y era la figura principal en la ceremonia del Kina. Resulta que Jánusha tuvo un hijo, que murió al poco tiempo de nacer. Desesperada de pena, enloquecida por el dolor, se cortó la cara con profundos tajos y se refugió en el Cielo, adonde había partido su hijo, convertido en estrella.Enseguida Jánusha quiso volver a ser madre y, preñada de una niña, comenzó a hincharse hasta quedar completamente redonda. Luego de dar a luz comenzó a adelgazar: poco a poco se volvió fina como una uña hasta que finalmente desapareció. Pero su hija, idéntica, tomó su lugar. Creció hasta poder ser madre a su vez y concibió otra niña, que repitió la historia de su madre y abuela. Y es por eso que la Luna nunca deja de menguar y crecer, de desaparecer y volver a asomarse mostrando a todos las cicatrices de su rostro maternal.

"Leyenda yámana, extraída de "Leyendas de la Tierra del Fuego" de Arnoldo Canclini