Volver a un lugar: La Quebrada de Humahuaca

A veces me pregunto que atesoran algunos lugares que provocan un regreso incesante. Conocemos un lugar en el mundo y de manera fulminante nos atrapa. Nos convertimos en prisioneros. Libres prisioneros. Desde el momento que conocemos el lugar, firmes pensamientos sustentan la memoria y al cabo del tiempo, quizá la imaginación contribuye a forjar una imagen ideal. La evocación latente ya forma parte de nuestro ser y jamás descubriremos la razón de nuestra atracción. Porque cuando hablamos de sensaciones, no hay razones. Ni siquiera las palabras alcanzan a comprender.

Quizá estos lugares son como esos amores que nos atrapan con un seductor anzuelo y no sabemos el porqué. Esos amores que pasan por nuestras vidas de manera efímera y permanecen idealizados. A veces me pregunto si el reencuentro será tan ideal como lo fantaseamos en nuestra memoria o si el idealismo vive únicamente en nuestro ser, en nuestro imaginario. ¿Los lugares serán como los amores?

Agosto 2007: Es mi tercer encuentro con la Quebrada de Humahuaca. Atraída por una suerte de embrujo, creo que fui víctima de su anzuelo la primera vez (en diciembre de 2004). También fue un seductor anzuelo.

La Quebrada de Humahuaca es un valle de 155 km de longitud ubicado en la región noroeste de la República Argentina. Tilcara, una de las localidades de la Quebrada, es el lugar donde me alojo, en la hostería “Rincón de Fuego” de Ricardo, el padre de Sebas, a quienes agradezco sinceramente su hospitalidad.

Cerros áridos, vientos que revolotean la tierra y salpican los cuerpos de gargantas sedientas. Parecieran cerros imperantes ante cualquier adversidad. A medida que voy llegando a Tilcara vislumbro, a través de la ventana, un cartel sostenido por un grupo de personas que se manifiestan en la ruta. El cartel reza “Fuera gringos”. Es un significativo anticipo de lo que veré a lo largo de mi estadía.

En la parte inferior de la Quebrada encontramos cerros multicolores fuertemente erosionados. El cerro de los Siete Colores, en Purmamarca, anticipa un leve aroma a misticismo. Me dejo llevar por ese aroma e intento escapar de los numerosos turistas que se concentran en la plaza central, alrededor de una gran cantidad de artesanía seriada e industrial. El encanto del lugar convive con esta explotación. Es una realidad.

La Quebrada de Humahuaca fue declarada, en julio del 2003, Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por UNESCO. Desde entonces, ha sido campo de batalla de explotaciones turísticas, sin ningún tipo de reglamento, proliferando los conflictos de tierras. Muchas de las tierras han sido vendidas por los nativos del lugar a precios ridículos, sin saber que la tierra ha ido adquiriendo un enorme valor. Los beneficiarios son foráneos que, viendo la oportunidad de negocio en el lugar, han erigido hoteles y restaurantes a diestro y siniestro. Los lugareños se van o terminan trabajando para ellos, como mucamas (servicio doméstico), camareros/as, sirvientes, etc… También hay casos de usurpaciones de tierras.

El incremento del turismo podría ser positivo para la Quebrada de Humahuaca, aportando beneficios económicos para la comunidad local. Pero lamentablemente no es la opinión generalizada de los nativos del lugar a raíz de la experiencia posterior a la declaración de la UNESCO. Existen conflictos, contradicciones y malas prácticas fruto también de la idiosincrasia del lugar. Una idiosincrasia compleja y difícil de entender para una persona ajena pero, si más no, me permito la licencia de transparentar ciertas impresiones a raíz de mi interacción con el lugar y de las conversaciones con diferentes personas.

Me resulta arduo caminar por territorio resbaladizo ya que es una realidad profundamente delicada. Sin embargo, no puedo dejar de aturdirme ante determinadas prácticas que pervierten la cultura, ocasionadas por la llegada masiva de turistas que desean contemplar la singularidad de la cultura andina, sin hurgar más allá del exotismo concienzudamente preparado.

Se alejan las culturas que entran en contacto y es entonces cuando pueden suceder dos cosas en este choque cultural: los lugareños terminan odiando a los extranjeros (como el cartel “fuera gringos”) o los lugareños explotan el exotismo de sus prácticas y los extranjeros sólo somos máquinas de hacer dinero y somos todos iguales. Es así como se establecen clichés de cara al turista. La cultura se estandariza, preservando su singularidad para reuniones íntimas.

Si las políticas culturales y turísticas públicas fueran más eficientes, si la participación de la comunidad local en diversas acciones fuera más activa, si los visitantes tuvieran mayor conciencia, si no hubiera tanta inversión hotelera extranjera, si…, si…, hay tantos sis y tanto por hacer y tanto por movilizar, por inducir un giro absoluto.

Aún así hay gente que está trabajando por ese giro, que cree en un camino cultivado en el tiempo y en comunidad. Y son ellos los verdaderos activos. Ricardo, sin ir más lejos, quien está potenciando un turismo de calidad, a través de las hosterías y circuitos turísticos; l@s técnic@s de la red de turismo rural comunitario (Alberto, Patricia, Natalia) y todos los emprendedores que forman parte y trabajan por fortalecer sus estructuras y buscar recursos, con ellos compartí una amistosa y divertida jornada en Higueritas (Tumbaya); Armando Álvarez y la radio Pirka (Tilcara); La Casa del Tantanakuy (Humahuaca) y muchas personas y organizaciones que siguen trabajando fiel a sus convicciones y con la gente, a pie de la realidad.

No puedo terminar esta bitácora sin nombrar a Música Esperanza (Tilcara), Susana, Radek y el resto del equipo que está realizando una intensa labor cultural y musical en el territorio, y en proyectos transfronterizos musicales con población infantil. Como siempre, la música un lenguaje universal. Os deseo lo mejor. Tampoco puedo dejar de nombrar un dato curioso, conocí a mi homónimo boliviano Radek, ya que nacimos el mismo día del mismo año con una hora de diferencia, Radek en Sucre (Bolivia) y yo en Barcelona. Gracias Radek por las conversaciones dispares y el intercambio intelectual, por las risas y por la deliciosa cena con tu familia.

La Quebrada, un valle enigmático que envuelve todos mis sentidos mientras me desplazo de San Salvador de Jujuy (la capital de la provincia de Jujuy) a todas las localidades del valle; de Tilcara a Tumbaya; de Humahuaca a Volcán; de Maimará a Purmamarca.

Idas y vueltas, cruces constantes, viajes en colectivos llenos de tierra expulsada por el viento. Personas en constante movimiento desde bien temprano, en la madrugada, hasta altas horas de la noche.

A lo largo de 10.000 años la Quebrada de Humahuaca ha funcionado como una continua vía donde ha acontecido un caudal de interacciones a nivel cultural, comercial, económico, social, etc… Desde las instalación de los primeros pueblos cazadores, pasando por ser ruta de los Incas antes de la Conquista, hasta vía del comercio entre Potosí (Bolivia) y el Río de la Plata, a través del Camino Real.

Un verdadero dinamismo cultural en perpetuo tránsito a través de la ruta. Un tránsito que me cautiva.

La Quebrada de Humahuaca sigue siendo un lugar donde me gustaría regresar de nuevo. Todavía hay lugares recónditos por descubrir.

5 comentarios:

Jorge dijo...

El tema de los problemas causados en Jujuy tras la declaración de la Quebrada de Humahuaca como Patrimonio de la UNESCO hace tiempo que ya son preocupantes. Pero lamentablemente han atraído poca atención por parte de los medios. Pero al menos es bueno que los blogs se ocupen del tema.

Luz dijo...

mi querida amiga, leí tus palabras pero por mail, no había imágenes y sin embargo lograron desde el recuerdo del lugar: el calor, el viento, la tierra trasladarme a ese lugar único que como decís te enamora y te hace volver.
No quiero escribirte sobre los problemas que sufre la gente; choques culturales, vidrieras turísticas..lo reservo para una de nuestras charlas eternas que tanto disfruto en donde a veces creo que podríamos cambiar el mundo..sólo desde la palabra. Luz

Sarah dijo...

Dos lugares en el mundo han robado mi corazón: San Francisco y Florencia.... Es cierto que algunos lugares en el mundo hacen que te sientas bien en ellos, y que te maravilles de cada uno de los detalles que en ellos existen.

Melanie dijo...

La verdad que los habitantes se llevan todos los premios. Cultivanndo el camino porque creen que esa es la forma de seguir adelante y está bien.
jaja me mató la historia del homonimo boliviano que nació el mismo día y eso. Es que es así, cuando viajás por el norte cualquier cosa puede pasar.
Yo me hospedé en el Hotel vientonorte y me encontré con una amiga de la primaria, era re loco que nos encontráramos alla cuando en Buenos Aires vivíamos a 15 cuadras y nunca nos veíamos.
Saludos
Meli

fero galus dijo...

parece una cuidad muy bonita! cuando termine el grado turismo que estoy estudiando intentare hacer una escapadita para ver la cuidad, me encantaria la verdad! muy buen blog!